Psicología con presencia,
escucha y sentido

Soy Lucrecia Arroyo, psicóloga especializada en el acompañamiento a niños, adolescentes y adultos. Desde hace más de diez años trabajo en el ámbito de la salud mental, combinando intervención clínica, formación y orientación a familias y profesionales.

Mi recorrido y lo que me ha formado

Mi historia empieza en Santander, donde nací, continúa en Salamanca y Santiago de Compostela, ciudades donde estudié la Licenciatura de Psicología. Al licenciarme conseguí una beca europrácticum y me mudé a Londres, y donde trabajé durante casi 10 años en colegios, centros y hogares. Hoy vivo en San Luis de Sabinillas (Málaga), desde donde acompaño a personas de diferentes lugares.

Desde que comencé mi carrera profesional, mi deseo de aprender ha sido firme. Estoy certificada como terapeuta EMDR de adultos, niños y adolescentes, y como analista de conducta por diferentes organizaciones, y continúo en formación constante para ofrecer la mejor atención.

Mi manera de trabajar nace de mi formación académica, mi experiencia acompañando a personas en diferentes etapas de su vida y también mi labor como profesora del Máster en Análisis de Conducta de la Universidad Complutense de Madrid y Abascool.

A lo largo de los años, he trabajado en clínicas privadas, centros educativos, asociaciones sin ánimo de lucro, y espacios de intervención conductual. Cada uno de estos entornos, ha enriquecido mi mirada y mi forma de entender la terapia, facilitando mi adaptación a distintas realidades y necesidades.

img sobre mí 1

Mi recorrido y lo que me ha formado

Mi forma de trabajar no solo viene de lo aprendido en la formación académica, sino también de la experiencia directa con las personas que acompaño. A lo largo de los años he trabajado en contextos diversos: clínicas privadas, centros educativos, asociaciones y espacios de intervención conductual.

Mis valores al acompañar

Mi forma de trabajar se apoya en valores que van más allá de simples principios profesionales; son formas auténticas de estar presente y conectar con quienes acompaño.

Respeto

Cada persona tiene una historia única, un contexto particular y un ritmo propio. Escucho con atención y apertura, sin dar nada por sentado.

Cercanía

Creo que el vínculo terapéutico es la base de todo proceso terapéutico. No se trata solo de técnica, sino de ofrecer una presencia auténtica humana.

Claridad

Comunico con transparencia qué hacemos, por qué lo hacemos y hacia dónde vamos, para que el proceso sea siempre claro y comprensible.